Cómo preparar a tu portavoz antes de que estalle la crisis

Cuando llega la pregunta incómoda, ya es tarde para empezar a preparar al portavoz. La diferencia entre una intervención que calma y otra que incendia se decide en los entrenamientos previos, no en el plató.
Elegir bien. No siempre el mejor portavoz es el más alto en el organigrama. Hace falta credibilidad, serenidad y capacidad de conectar. A veces conviene un perfil técnico; otras, la primera figura de la empresa. Lo que nunca funciona es improvisar quién da la cara el día de la crisis.
Mensajes clave. Un portavoz preparado no memoriza un guion: domina dos o tres mensajes esenciales y sabe volver a ellos pase lo que pase. Esta técnica —el puente— permite reconocer la pregunta y reconducirla hacia lo que la organización necesita transmitir, sin sonar evasivo.
Lo no verbal. En televisión, el tono, la mirada y la postura comunican más que las palabras. Un mensaje correcto dicho con nerviosismo o con arrogancia se recuerda por todo lo contrario a lo que se pretendía.
Simulacros realistas. La mejor preparación es ensayar entrevistas duras: preguntas hostiles, interrupciones, datos incómodos. Equivocarse en un simulacro es gratis; equivocarse en directo, no.
Qué no hacer. Evitar el «sin comentarios», no mentir nunca, no especular y no entrar en peleas personales. Un «no dispongo de ese dato, lo confirmaré» siempre es mejor que un titular desafortunado.
Preparar al portavoz no es un lujo reservado a las grandes corporaciones: es la primera línea de defensa de cualquier organización que algún día tendrá que explicarse en público.
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