La importancia del relato en crisis judiciales

Una imputación, una inspección o una demanda mediática abren dos frentes a la vez. El primero se dirime en los tribunales, con sus tiempos, sus pruebas y sus garantías. El segundo se decide mucho antes, en el tribunal de la opinión pública, donde la presunción de inocencia pesa bastante menos que el primer titular.
Delegarlo todo en el despacho es un error. La estrategia jurídica y la de comunicación persiguen objetivos distintos y, a veces, opuestos. El abogado tiende —con buen criterio legal— al silencio: «no haga declaraciones». Pero en comunicación el silencio rara vez es neutro; suele leerse como culpabilidad o como desconcierto. El reto es construir un relato que proteja la reputación sin comprometer la defensa.
Coordinación, no competencia. El primer paso es sentar en la misma mesa a la defensa jurídica y al equipo de comunicación. Cada mensaje público debe revisarse a la luz de la causa, y cada movimiento procesal debe anticipar su lectura mediática. El sub iudice no obliga a callar: obliga a elegir con precisión qué se dice, cuándo y quién lo dice.
El relato como marco. La opinión pública no procesa expedientes, procesa historias. Si la organización no ofrece un marco propio —qué ha pasado, qué está haciendo, qué valores defiende—, lo ofrecerán otros: la acusación, los competidores o el simple ruido. Un relato sólido no niega los hechos ni ataca a la justicia; los sitúa en contexto, asume lo asumible y proyecta responsabilidad y normalidad operativa.
Los stakeholders, primero. Antes de pensar en los medios conviene ordenar a quién hay que tranquilizar: empleados, clientes, proveedores, inversores, reguladores. Cada uno necesita un mensaje adaptado y, sobre todo, enterarse por la empresa antes que por la prensa.
El largo plazo. Las crisis judiciales se miden en meses o años, no en horas. El relato debe sostenerse en el tiempo, con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y resistir los altibajos del procedimiento. Porque, cuando llegue la sentencia —sea cual sea—, lo que recordará el público no será tanto el fallo como la historia que se contó por el camino.
En Maji acompañamos ese equilibrio: una comunicación que protege la reputación mientras respeta la estrategia de defensa, con un único objetivo, disminuir el impacto.
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